“¿Quieres ser Karl Ove Knausgard?”: una lectura sobre -Mi lucha- Vol I y II

Estoy pasando por un momento de mi vida en que todas las decisiones que he tomado durante los últimos meses se me vienen encima como una gran avalancha de consecuencias. Terminé una relación de varios años y me fui de la casa de mis padres. Ahora vivo en un departamento compartido con cinco personas más, la mayoría venezolanos. A pesar de compartir el piso, paso casi todo el día sin ver a nadie. Mis amigos vienen a veces a tomar cerveza, fumar marihuana y tratar de sostener la pena que me generó el rompimiento con mi novia. Pasó casi exactamente un mes cuando me di cuenta de que había sido un error. Los hombres sufrimos de manera distinta, siempre lo dicen. Al principio creemos que estamos bien, el mundo se nos abre como una amapola, pero luego llega un vacío monumental que se apodera de todo. Aunque no es la soledad lo que me incomoda, sino la catastrófica sensación de que me he equivocado en todo, hasta en lo más mínimo, desde estudiar pedagogía hasta volcar casi toda mi energía en el ejercicio de la lectura y la escritura. ¿Esta es la vida que quiero? y si no la es ¿cuál? Nadie sabe cómo responder a esta pregunta. Algunos dicen que hay que concentrarse en las pequeñas alegrías que otorgan la familia, los amigos y las relaciones humanas en general. Disfrutar la vida, de eso se trata todo, esa es nuestra única tarea y sin embargo a veces se vuelve agotador. Creo que es muy común y hasta justificable desear que las cosas pasen de nuevo, que la vida que llevamos se borre y nazca una limpia, diferente, menos difícil de llevar. Pero quizá no es la vida ni el contexto en que nos desarrollamos lo que queremos cambiar, sino a nosotros mismos, nuestra forma de pensar, nuestra perspectiva sobre el mundo. Al igual que cuando alguien nos desagrada y lo repelemos, así también pasa con la propia identidad y el cuerpo. A veces simplemente nos detestamos y creo que de ahí nace lo que llamamos depresión. Pienso que es un deseo autodestructivo que se manifiesta a través del letargo, el llanto y la falta de apetito. Es una especie de flirteo con la muerte. Ya no quieres estar más en ese lugar, quieres salir de ti.

Relacionado con lo anterior se me vino a la mente la película “¿Quieres ser John Malkovich?” dirigida por Spike Jonze y escrita por Charlie Kaufman. Siempre me pregunté por qué la gente pagaba doscientos dólares sólo para estar unos minutos en la cabeza de John Malkovich,  quien en la película actúa de sí mismo. Cuando la experiencia terminaba y las personas eran arrojadas fuera de la mente del actor, se sentían tan a gusto que deseaban volver. Querían más, más y más, como si se tratara de una droga, pero cuando estaban en la mente de Malkovich, él no hacía cosas tan interesantes como para que este vicio se justificara. A veces hacía la lista del supermercado, tomaba un taxi o ponía un reclamo en la tienda de decoraciones interiores. Entonces lo adictivo no era tanto el placer o la diversión que pudiera sentirse al habitar en su mente, sino el hecho de estar durante algunos minutos cien por ciento fuera de ti mismo y dentro de otra persona.

He pensado mucho en esto mientras me sumerjo en el universo de Karl Ove Knausgard. Cuando me preguntan de qué se trata el libro que estoy leyendo nunca sé muy bien cómo responder, porque en realidad no se trata de nada en particular, solo es la narración exhaustiva de la vida de un escritor. Al principio esta respuesta no resulta muy atrayente porque ya todos estamos cansados de leer novelas que hablan sobre escritores que escriben novelas. Entonces ¿por qué ha sido tanto el revuelo mundial que ha causado la serie de novelas “Mi lucha” de Knausgard? Frente a esa pregunta yo respondería que tiene que ver con el hecho de que al sumergirnos en su lectura podemos captar la esencia casi total de una persona. Imagínense lo complejo que eso resulta. Y no me refiero sólo a los detalles domésticos y las pequeñas narraciones de episodios cotidianos, también existe una apertura sincera y generosa a la discursividad del autor. No es una historia que comience aquí y termine más allá, es un autorretrato extremadamente minucioso narrado a través de episodios fundamentales para la construcción de la personalidad del autor. Tampoco pretende ser algo interesante narrando solo los episodios más intensos de su vida o maquillando con lirismo las situaciones vividas. Hay aburrimiento, letargo, hastío y errores. Pueden pasar decenas de páginas en que el autor solo esté narrando una fiesta de nochevieja en la que no la pasó tan bien como esperaba, también conversaciones con amigos en cafés, viajes en tren y cambios de pañales.

Los títulos de cada novela son los que presentan una especie de leitmotiv que transita a lo largo de toda la obra, pero que  está plasmado de manera tan sutil que no resulta agotador ni sobreexplicativo. Por ejemplo, el primer volumen se titula “La muerte del padre” y se centra fundamentalmente en la relación del autor con su padre desde su infancia hasta la adultez, culminando evidentemente con la narración de la muerte del padre de Karl Ove y las fatídicas condiciones en que se desarrolló. Una de las cosas que más me llamó la atención al leer esta primera novela fue la libertad que sentía el autor para describir de manera casi ensayística sus pensamientos sobre la vida, la muerte, el amor, las relaciones familiares, la pintura, la música o cualquier tema que fuera de su interés. Nada lo inhibe a escribir lo que le de la gana, aunque siempre de una manera muy lúcida y con una prosa fresca.

La segunda novela se titula “Un hombre enamorado” y a diferencia a lo que yo había pensado, no es un recuento de los amores experimentados o algo por el estilo, es más bien el la historia de su vida conyugal desde el comienzo, incluyendo todos los sinsabores que conlleva: los miedos, las inseguridades, las discusiones y el cansancio, pero ante todo la determinación de tener una familia por la que luchar.

Como ven, el tema de las novelas no es algo llamativo a primera vista, se trata simplemente de la vida de un hombre. Entonces pienso que al igual que con John Malkovich, lo interesante y lo placentero no es específicamente la vida de Knausgard, sino el hecho de que al leer estas novelas siento que estoy en la mente del autor, que veo lo que él ve y me siento exactamente como él se siente y me permite olvidar por un segundo el desmoronamiento y la reconstrucción sicológica por la que estoy pasando. De alguna forma estas novelas se han abierto como túneles a la mente de una persona que vive en un país muy lejano, que habla otro idioma y que es un completo desconocido para mí, pero con el cuál logro sentirme identificado e incluso cómplice, porque a pesar de todas las distancias que nos separan, tanto geográficas como culturales, me logro identificar con él, y no porque crea que nuestras personalidades sean similares, más bien porque su discursividad se ha construido más o menos bajo el mismo sistema económico, ético y patriarcal que ha desarrollado una especie de identidad mundial, donde nada es lo suficientemente intenso y la vida pareciera estar demarcada desde el momento en que nacemos. Creo que el justificado éxito de esta serie de novelas dice mucho sobre la relación del hombre de nuestro tiempo con el mundo. Es muy difícil hallar la intensidad y la pasión, pero cuando se alcanza, o se cree que alcanza, nos aburrimos y replegamos a lo que en ese momento nos parezca más seguro. Son pocos los que viven al límite y dan la vida por algo y eso a Knausgard le genera una gran impotencia, de ahí que volcara toda su energía en este proyecto tan magno.

Solo me queda decir, gracias Knausgard por ayudar a deshabitar-me

Libros afilados: sobre “Tierra de Aves Acuáticas” de Simón Ergas.

Hay libros que en algún lugar de esta realidad fractal resultarían evidentemente quemados por los gorilas. Esos libros son los que valen, los que molestan, los que causan urticaria, los que rasgan la piel. Esos son, los libros afilados, quienes se ganan un lugar en este panel metafísico que llamamos literatura. Y no basta con romper esquemas que ya todos sabemos rotos. No basta mirarse al espejo, se debe romper con las manos y sangrar; ojalá tirar piedras a los reflejos circundantes y volver a este laberinto infinito y lúgubre, una explosión de cristales. Eso es lo que buscan algunas novelas como “Tierra de Aves Acuáticas” de Simón Ergas.

Existe un ímpetu; una gran intención por narrar los espacios críticos de la sociedad. Porque este país está lleno de crisis: domésticas, sociales, religiosas y sobre todo económicas. Pero no vamos a entender a esta última crisis desde la carencia , sino desde su contrario: la aglutinación desmedida de riqueza sin medir consecuencias; la polución grotesca del capitalismo salvaje, ese que nació ciego y prepotente, ese que avasalla todo a su paso.

Para nadie es un secreto el nivel de toxicidad presente en las costas del sur chileno debido a la sobrexplotación de recursos naturales. Ya lo veíamos el 2016 en Chiloé, con esa marea pútrida que inutilizó las costas y provocó uno de los desastres -anti-naturales más lamentables de la historia chilena reciente. ¿Quién, o quienes, están detrás de eventos como este? Podría darse el nombre de la empresa salmonera “X”, ¿pero quién maneja los hilos y toma las decisiones dentro de aquella empresa X? La respuesta se vuelve esquiva a pesar de lo evidente: personas de carne y hueso, seres humanos con nombre y apellido. No es un fantasma etéreo, ni un daño colateral inevitable, no son cifras binarias.

Surge una pregunta ¿Quién es mejor testigo de su destrucción que la propia naturaleza? Respondiendo, en esta novela, ella misma (la naturaleza) adquiere las riendas del discurso a través de un par de gaviotas que se esfuerzan por contar lo mejor posible esta historia, y que a veces tienen dificultades como si fueran dos niños luchando por el micrófono. La duplicidad narrativa es sin duda uno de los puntos más llamativos de la obra, ya que las gaviotas se atropellan una a otra para contar la historia a través de un lenguaje ampuloso que otorga la idea de una épica criolla.

Cabe destacar que cada gaviota tiene una perspectiva diferente respecto a los hechos que narran: una es correcta, se preocupa por no perder el hilo del relato y de dejar en claro, al hipotético lector, cada rincón de la historia. La otra es exaltada, quiere contar las cosas tal como son y emite constante juicios de valor hacia los seres humanos, por las que su hermana la reprende, generando constantes discusiones que dotan de un humor  alegre e inocente a la obra.

A su vez, la tensión de la novela  está a cargo de la lenta metamorfosis del gran Ballenato Cortínez, una bestia colosal escondida dentro del cuerpo de un viejo nadador. Las gaviotas son quienes lo esperan y lo vaticinan, como si fueran los comentaristas del trágico partido que se está jugando en Hornopirén a la espera de esta bestia que redimirá todas las injusticias cometidas hacia la naturaleza través de la destrucción de la salmonera. Mientras esto sucede, muchas son las historias de viajes (externos e internos), amor, crimen, locura y muerte que se incrustan y a la vez configuran el gran clímax final.

“Tierra de Aves Acuáticas” es un libro que nos lleva a cuestionar diversas complicidades con la destrucción del ecosistema que nos son intrínsecas a todos los seres humanos, claro que de unos (como Goycolama) mucho más que de otros.

¿Cómo no iba a sentir rabia la naturaleza con granjas de salmones tan grotescas, con mineras colosales, con ríos llenos de basura industrial y cadáveres de aves y peces? Hace rato que nos merecemos uno y mil cataclismos. No sé si sentirme a gusto o a aterrorizado con la aparición del gran redentor. Quizá más lo primero.

Tierra de Aves Acuáticas
Simón Ergas
310 p.
Editorial Oxímoron.

 

Stand up Poetry: sobre “Video killed the radio star” de Daniel Rojas Pachas.

“Stand up Poetry”. Así me dijo un amigo que entendía la poesía de hoy, pero más específicamente, así entendía a los poetas, como algo parecido a los comediantes del famoso Stand up Comedy. Bajo esta lógica, el poeta es quien se para sobre un escenario, al igual que el Pato Pimienta, la Natalia Valdebenito, o incluso el Coco Legrand, para causar un efecto en el público y posteriormente recibir los aplausos correspondientes, que pueden ser tanto efusivos como escuetos, por compromiso, amistad o incluso afinidad. En estos casos, el efecto (del público) pocas veces tiene que ver con la calidad estética o metatextual del poema, si no más bien con el histrionismo del que lo declama, además de un montón de factores situacionales del mismo proceso de declamación: vino de honor, previa, amoríos, egos, espacios y un gran etcétera. Pero a pesar de todo esto, uno aprende a ignorar los pormenores y mirar siempre el vaso medio lleno. Hay que entender que existe mucha gente trabajando efectivamente por generar una mayor cantidad de espacios artísticos y culturales dentro de cada urbe. Es un trabajo indudablemente respetable, pero que a pesar de todos los esfuerzos que cada gestor realice, la mayoría de las veces termina en luchas conceptuales infinitas, donde las palabras “política” “trinchera” “consecuencia” e “ideología” salen disparadas de las bocas como perdigones atolondrados entre lágrimas, chela y saliva. Algunos desmadran contra los fondos culturales que da el gobierno (una de las pocas fuentes de ingreso para un escritor), por considerarlas inconsecuentes con el trabajo rupturista y contestatario que se pregona. Otros piensan que recibir plata para realizar encuentros culturales o publicaciones, funciona como el Jiu Jitsu: se utiliza la fuerza del enemigo (el estado) para atacarlo después desde adentro. Y aún existen otros, que no contentos con ninguna de las dos “trincheras”, crean sus propias editoriales y se publican entre los amigos hasta el cansancio. Es decir, existe una lucha eterna entre el romántico y el estratega, que es uno de los eternos problemas de principios entre los escritores, casi siempre jóvenes los primeros, y no-tan-jóvenes los segundos.

El cahuineo también es un personaje importante. No sé si se habla más de las personas que de sus acciones, o  más de las acciones que de las personas, lo único cierto es que siempre se habla. Siempre hay algo que decir respecto a tal escritor y sus amigos y su formación y sus premios y su universidad. La literatura como trabajo, casi nunca se queda en la pura literatura. Esto tanto en poesía como en narrativa. Aunque la poesía tiene el gran fantasma simbolista afrancesado penando todavía en toda latino américa. No superamos nunca el viaje a los infiernos y el trauma que produce el encuentro con nosotros mismos. El panorama de los poetas, suele ser más efusivo que el de los narradores, básicamente porque la idea de éxito en el narrador es menos una idea que en el poeta. El poeta explota, mientras el narrador juega Sudoku.

Dentro de este gran panorama, que posee distintos microuniversos a lo largo del país, el continente y el formato, es que se sumerge la novela “Video Killed The Radio Star”, del escritor Daniel Rojas Pachas. Apenas leí las primeras páginas, supe que el libro seguía una tradición bolañesca al incursionarse dentro de los pasillos insanos de la literatura, este arte contradictorio, donde personas llenas de conflictos, o que son un conflicto en sí mismas, se esfuerzan, a veces hasta la muerte, por crear algo que para ellos es significativo y trascendental, pero que la mayoría de las veces no le mueve ni un pelo de la cola a los paradigmas sociales. La novela se mueve como serpiente dentro de las distintas manifestaciones seudoliterarias de algunos autores. No existe una sola historia, sino una multiplicidad de situaciones en que los autores, en su mayoría jóvenes, intentan raspar con la punta de la uña, ese gran espejismo que a veces se llama reconocimiento y otras veces trascendencia.

En esta novela también nos encontramos con una forma de escritura que se mimetiza con la forma del discurso. Es decir, se manifiesta una idea de fragmentación sin mencionarlo nunca, sino a través del mismo formato. El mensaje escondido detrás de la obra nunca está escrito, si no mencionado como una voz en off detrás de todas las situaciones que aquí se relatan en forma de entrevista, pie de página, e-mails, pequeños ensayos, estados en facebook, etcétera. La idea de fragmentación se nos presenta desde la portada: una multitud enfiestada que encuentra su propia identidad en el otro, así como muchas veces sucede con los escritores y con la historia detrás de la canción que da el título: Video killed the radio star, una canción que habla de cómo la llegada del vídeo desplazó a los éxitos y la mística que existía con las emisoras de radio, pero que a su vez se constituía como el primer vídeo que se transmitía por MTV. Es decir, la idea de contradicción en sí misma dialoga con lo que sucede con este libro: una obra que habla sobre autores que escriben obras; una auto-explotación sobre la auto-explotación.

Video killed the radio star
Daniel Rojas Pachas
Editorial “Narrativa punto aparte”
177 p.

 

Todos los que somos: sobre Cigoto, de Gonzalo Rojas Canouet

Cuando se está solo en casa, los muebles, las paredes y los utensilios de cocina se vuelven cómplices de todo lo que haces. Finalmente no estás sólo. La casa entera te grita en su lenguaje inerte. La cama desordenada te lanza el calor de un cuerpo que no está. Los colchones guardan el peso, las cucharas guardan las bocas y el espejo una continuidad de rostros tuyos y de otros. De pronto el espacio se llena de voces que acompañan o intoxican. Recuerdos, sensaciones y gestos que se pegan a las cosas. Luego te vuelves extranjero en tu propia casa. Sientes náuseas.

Trato de lavarme la cara /todos los días /así, todos los días/ para despejar esta arcada 

De ver tantos, tantos rostros /en el espejo/instalado en mi rostro/dibujado y ajeno /que el mismo reflejo /consuela mi andar.  (p.49) 

Después de las náuseas (o mientras, o durante, o siempre) se realiza un esquema, una jerarquía; se ordena la pieza y los recuerdos. Los pensamientos que salen de las cosas tratan de conformar poesía con toda la sinceridad, y al mismo tiempo el misterio posibles dentro de lo íntimo. Hay un palpito, una respiración perpetua que no se concibe fuera de sus fantasmas, que son también los pilares de la obra: el padre, la hija, los amores, los amigos. Existe un viaje a través de los seres. Se identifica una pregunta ontológica, pero que también pueden ser las puras ganas de hacerse historia a través de la poesía. Una historia que deviene del padre y termina en la hija. Una estructura que viaja a través del puro lenguaje que generan los recuerdos y las voces del cachuereo. Las voces más sinceras. El diálogo con los fantasmas y la eterna problematización del amor.

Cigoto es un libro de poesía en bruto, porque esquiva los estigmas con naturalidad, canalizando el ruido a través del lenguaje, sin perderse en el camino. Es la narración de toda una vida a través de vidas ajenas donde predomina la nostalgia, la crítica y la risa. Un humor de cantina sutil crítico, que se inmiscuye de repente, sin ánimo de dar cátedra, sino más bien de bajar los pantalones.

Cigoto es también la descripción exhaustiva de una o varias cruces. Un libro lleno de amor, dolor y soledad. Un libro que nos lleva a reflexionar sobre la multiplicidad de voces que se acoplan a la que creemos nuestra, y que se construye bajo esta misma idea. Por eso no es extraña la utilización de citas o versos de otros poetas. Como las frases de otras personas que solemos utilizar en una conversación. La forma concuerda con el fondo. El espejo está lleno de rostros ajenos.

La última de las ideas y jerarquías narrativas dentro de la obra, es que “El cigoto se va” cuando se le canta a la hija. Se pasa de la nostalgia a la esperanza. Existe una definición de amor:

y trato de aparecer / como si yo fueras tú. (p 112)

La identidad, el amor propio, los recuerdos y las historias, cruzan un abismo para llegar hasta el otro y querer convertirse en él. El amor madurado, que se curtió a través de la vida, el sufrimiento, la jarana y la soledad,  se convierte ahora en embrión.

embrión que habla solo/ frente a todos/ los espejos eternos/ del universo (p111)

La mejor poesía es la que se escribe a los quince años, cuando vas por el mundo sin piel y a carne viva. Gonzalo tiene harto más que quince años, pero todavía mantiene esa sensibilidad que solemos perder, o transformar en cosas menos hermosas. Cigoto es un libro emocionante. Pocas veces nos adentramos en pasillos tan íntimos y llenos de ternura, porque es difícil construir esos pasillos sin caer en el melodrama. Siempre agradeceré el ejercicio de compartir esos rincones con los demás, sin importar nada, por la pura necesidad de crear y poner un ladrillo más en el psicodélico edificio de la literatura.

Casa Volada: Novela de física

Compré el libro “Casa Volada” después de un par de recomendaciones, que quizá fue una sola, más las reseñas que leí al respecto. Hay muchas cosas que decir de esta novela, pero sólo me referiré a un par de ellas que me llamaron la atención.

El primer punto es la construcción. La obra está estructurada en diferentes planos de ficción. El primero, el del héroe, transcurre en un apacible barrio de Ñuñoa, cerca de Macul. David, escritor under, pobre y brillante, que trabaja en un proyecto de novela. Esta novela es un intento por ficcionalizar, a través de una exhaustiva investigación,  la relación artística de Augusto D’ Halmar con el pintor Alfredo Valenzuela Puelma mientras creaba el primer desnudo chileno, titulado “La perla del Mercader”.

Esta novela creada por el héroe, el otro plano de ficción, se le aparece al lector, cuando David se sienta a escribir. La obra dentro de la obra, está construida a través de tres voces diferenciadas por el tono y la grafía: La voz de Augusto D’Halmar, a modo de diario de viaje, escrita en el texto como si fuera una máquina de escribir, la voz de Alfredo Valenzuela Puelma, como un constante delirio poético en cursiva, y una voz externa, casi objetiva de los sucesos que van ocurriendo. Esta segunda novela que aparece se va narrando a medida que David, el escritor,  la va construyendo. Así mismo, la pintura de Valenzuela Puelma, se va creando a medida que David va escribiendo. Naturalmente, la pintura y el libro terminan casi al mismo tiempo.

Todo está estructurado en dieciocho capítulos, donde se superponen las dos ficciones. Lo interesante de esta novela radica en este punto: son dos ficciones independientes, pero que sin embargo, parecieran entrelazarse. Lo que narra David en su obra se transforma en una constante alegoría a destiempo de su propia realidad. Él mismo, así lo presiente muchas veces:

(…)siento que lo que voy escribiendo acerca de Valenzuela Puelma se va colando en la realidad, con la misma dinámica de mis sueños. No sabría decir qué cosa imita a la otra, pero me inclino más por la opción de que, de alguna manera, he colaborado para acercar los acontecimientos reales a las escenas de mi novela. (p.95)

He pensado que esta novela, en total, es un reflejo del proceso de escritura. Me aventuro a decir esto, tomando en cuenta la evolución del personaje y de su novela, y de cómo los acontecimientos de su propia vida influyen en la creación de esta, quizá porque el proceso de escritura no puede descontaminarse de las pasiones ni las obsesiones del escritor. Si se analiza esto con detenimiento, podría decir que se está en presencia de un héroe con un inconsciente propio, o un escritor muy atento a las aversiones de su personaje.

El segundo punto que me ha llamado la atención también tiene que ver con la estructura, pero esta vez con el argamasa de las ficciones. Si bien existen dos ficciones,  y una de ellas con tres voces diferentes, existe un punto en común en cada una de ellas. Ese punto es la luz. Al principio creí que era un elemento estético, como en la pintura, un patrón que se repite con elegancia para dar un sello personal y simbólico a la obra, pero luego pensé en la teoría de la relatividad, y de ahí no pude dejar de hacer la conexión entre esta teoría y la novela. En la teoría de la relatividad, básicamente se plantea que ni la velocidad, ni el tiempo son absolutos. Todo varía dependiendo de la perspectiva. Lo único absoluto es la luz. Su velocidad es tal, que en ella no existe espacio ni tiempo, sino masa y energía. Tomando esto en cuenta, ese elemento, que al principio tomé como estético, puede representar una forma de unión entre las dos ficciones y entre todas las voces. Porque los personajes y sus funciones entre una ficción y otra varían, pero se relacionan entre sí. Valenzuela -David,
Martellus-Alina,
D’Halmar-David,
Valenzuela-Justiniana, etcétera.

Como si cada personaje se constituyera como un objeto en movimiento, pero que dependiendo del punto de vista se transmuta. Esto hace pensar, que las únicas espectadoras objetivas de este juego, además del lector, son las palomas. Sus predicciones funcionan para ambos mundos pero de maneras distintas, la muerte podía significar renovación o muerte. Renovación en David, muerte en Valenzuela Palma. Incertidumbre.  Quizá de ahí también el nombre de la novela, como alegoría al famoso cuento de Cortázar “Casa Tomada”, donde se problematiza sobre quién es el invasor de la casa y quién no; dos realidades que conviven en un mismo espacio; dos que pueden ser infinitas, pero siempre bañadas por la luz del sol.

Casa Tomada, Francisco Ovando
2015
Editorial Cuneta
212 p.

Los rincones. Sobre “No le debo nada a Bolaño” de Nicolás Cruz Valdivieso.

Debo decir que compré el libro por lo llamativo del título y una que otra referencia que leí en internet. También es necesario mencionar que tuve muchos prejuicios respecto a este mismo título. Imaginé algo así como un asesinato del padre. Porque Roberto Bolaño se ha transformado en una de las influencias más potentes para los que escribimos hoy en día. Entonces pensé que el libro, o el cuento que llevaba ese título, contaría una historia en contra de la figura de Bolaño, de su estética o de sus groopies. Esta idea me fastidió de sobremanera, tomando en cuenta que al hacer esto se incurriría en todo lo contrario. Llegué a pensar que había sido una mala compra, cuando vi unos libros de otros autores que me gustaban más adelante y no me quedaban billetes. Pero debo decir que todo esto quedó atrás. Y no sólo cuando leí el cuento que daba el nombre al libro, sino cuando iba en la mitad del primero, y ya en el comienzo del segundo. Al principio quise encasillar el estilo, o el tipo de narración (vicios de lector que uno tiene) dentro de alguna escuela literaria, o confrontándolo con otro autor. Pensé, bien vulgarmente, que había caído en un dirty/realism chilensis (otro más). Lo pensé al voleo, por lo grotesco de algunas imágenes en el primer cuento. Pero luego me di cuenta, durante el mismo cuento, que la estética que se planteaba iba más allá de lo corporal y de lo irónico. Se intentaba encontrar cierta belleza en la miseria de personajes discordantes; personalidades y conflictos aleatorios, pero que si bien parecían descabellados, conseguían una armonía inexplicable. Quizá el primer cuento es el que lo plantea mejor: un niño con síndrome de Down a cargo de un padre que es pintor y que a su vez le falta un brazo. Con estos elementos, el autor estructura un diálogo entre las carencias y la corporalidad de cada personaje a través de la descripción de siete cuadros. Sin duda una estructura compleja y un escenario abrupto al comienzo, como un charchazo coprolálico apenas abres el libro. 

Otro elemento interesante de los cuentos presentes en este conjunto, son aquellos relatos que se acoplan a la historia de ciertos personajes reales. Específicamente: Arthur Rimbaud, Carlos Gardel y Roberto Bolaño. Con el primer personaje se construye la historia de dos vagabundos que encuentran una pierna cercenada en la basura y deciden cuidarla por una fuerza escondida que los obliga. El elemento de la pierna de Rimbaud es sumamente significativo, tomando en cuenta que se trata de la pierna cercenada de un poeta trascendental para la historia de la poesía y la literatura. Sin embargo, no se cuenta la historia de Rimbaud, se construye una historia paralela, como si el autor hubiese querido mirar donde nadie estaba mirando. A pesar de que la historia de la enfermedad, el tráfico de marfil en África, el amorío con Verlaine y la muerte de Rimbaud hayan podido ser temas interesantísimos, el autor decide quedarse mirando la pierna. Creo que es una decisión por lo menos genial.

El segundo personaje es el de Carlos Gardel. Creo que este cuento es el que está mejor construido de todos. Aquí el protagonista es un amigo de Gardel. Un amigo entrañable, que lo había visto surgir desde el fondo, hasta donde estaba al final de sus días. Ese amigo no quería que Carlos se subiera al fatídico avión. Podría decir que se trata de inter-textualidad, pero lo que ocurre aquí no correspondería a esto (corregirme los pulentos) porque la historia de la muerte de Carlos Gardel no es una obra literaria, es una obra “viva” por así decirlo; es una historia real, un hecho. Se narra desde los hechos, pero no así como Truman Capote, sino con más sensibilidad que profesionalismo.

Finalmente, el tercer personaje es Roberto Bolaño, el gurú epistolar de un joven escritor amateur que planea abandonar la literatura. No contaré muy a fondo de qué se trata este cuento, porque temo arruinar el final al hipotético lector, pero debo decir que este cuento estuvo lejos de lo que yo había creído en un principio. Replicó el mismo dolor por la pérdida prematura de Roberto Bolaño que quizá todos los lectores de su obra alguna vez hemos sentido.

Para concluir señalaré que existe un gran sentido del humor reflejado en casi todos los cuentos, pero fundamentalmente en “Flores de riachuelo”, “Un asunto de principios” (con este reventé de la risa) y “El oficinista”.  Quizá el punto más débil es “Los aprendices de Chacal”. Aquí, como en ningún otro cuento, el grotesco se exagera innecesariamente sin la confección de un conflicto ni un desarrollo determinados. El cuento es el puro final. No me gustó tanto como los demás

Me gustaría hablar de cada uno, pero es tarde y ya quedó claro que el libro me gustó mucho. Cuentos rápidos, divertidos y complejos tanto en estructura, como en conflictos humanos. Se me vienen a la mente unas imágenes de Teillier sobre la felicidad: el ruido de una puerta cerrándose tras una fiesta, el baile de la solterona loca frente al espejo roto. Quizá eso es lo que más me gustó de estos cuentos, que se apuntaba con una linterna a esos rincones oscuros, dónde nadie hubiera pensado que podría existir literatura.

“No le debo nada a Bolaño y otros delirios”
Nicolás Cruz Valdivieso
Editorial Emergencia Narrativa, 2015

El poder del intertexto y la performatividad en “Tony Ninguno”, de Andrés Montero.

Las mil y una noches es uno de los textos más complejos y fascinantes de la literatura universal. Se estima que su primera compilación fue hecha hace aproximadamente mil doscientos años, en el siglo IX. No he leído el libro, pero conozco más o menos la estructura debido a las innumerables citas que hace Borges sobre esta obra, y fundamentalmente con lo que aprendí de ella a través de la novela Tony Ninguno, de Andrés Montero. Las mil y una noches, se trata básicamente de un rey que mata todas las noches a una concubina después de desflorarla a modo de venganza contra el género femenino por un adulterio. Sucede que una noche llega Sherazade, una virgen muy astuta, quien después de tener relaciones con el rey, a sabiendas de su destino fatal, comienza a contarle una historia. Durante el transcurso del relato pasa toda la noche y se hace de día. El rey quiere seguir escuchando, así que por primera vez, le perdona la vida a su concubina hasta que termine el relato. Sherazade extiende esta historia, o esta multiplicidad de historias, durante mil y una noches. Finalmente el rey la perdona, ya que se conmueve al saber que su concubina está esperando un hijo suyo. Todo el pueblo está feliz porque el rey se ha curado de su locura. Esto sucede en el imperio pérsico del siglo IX. Mil doscientos años más tarde, una joven trapecista de un circo itinerante del campo chileno insiste a su padre, Malaquías, el dueño del circo, para que acepte los dos tomos de Las mil y una noches que les llegó a ofrecer un árabe desconocido. Así comienza la novela Tony Ninguno. Con la desesperación de un hombre por querer entregar aquella obra antes de terminar de leerla, debido a la maldición que dicen está inscrita en el libro: el que ose terminarlo, morirá. A través de esta última sentencia es que se guiará toda la obra.

Pude diferenciar varias líneas narrativas a lo largo de la novela. La primera y la más evidente es la línea del circo; el relato de la vida detrás de la carpa. No se habla mucho de las funciones. El espectáculo real está detrás: en la búsqueda de público, en la comida, en la tradición familiar de los Garmendia y los conflictos que se generan debido a la ignominia de Malaquías, el heredero directo de la tradición. La narración está a cargo de Javiera, una niña que cree ser hija del padre, pero que se encuentra con una larga y tortuosa relación incestuosa con éste, quien le termina por revelar los secretos de su llegada al circo. Bajo esta misma línea narrativa aparece Tony Ninguno, el niño sin nombre, a quien Javiera bautizó como Sahriyar, en honor al rey loco que aparece en Las mil y una noches.

Ya al principio de la novela, la relación intertextual es evidente. Sin embargo, a esta relación se le añaden los factores externos de la vida en el circo, lo que determina la configuración psicológica de Tony Ninguno, el niño recogido, quien parece ser una obra en construcción por todos los personajes (fundamentalmente por Javiera) cuyo punto culmine está justamente al final de la obra, en la pantomima del clímax. Si el niño abandonado no hubiese llegado al circo, sino a un orfanato, por ejemplo, no se cumpliría la relación intertextual que parece estar condicionada desde el principio de la novela, o mejor aún, desde el siglo IX. Tony Ninguno es el producto final de todo lo que acontece durante aproximadamente diez años en el circo, desde la caída del trapecio de Javiera y la decisión de Malaquías por dejarla contar historias al público. Tony Ninguno, se vuelve entonces doblemente vacío. Por un lado, no tiene padres, ni familia, ni historia. Por otro lado, el mundo pasa a través de él como si tuviera un cuerpo sin órganos, lo que lo vuelve incapaz de decodificar las narraciones como tales. La palabra se densifica, se vuelve acción. Pizarnik una vez preguntó al respecto:

si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?

Dentro de la novela, estas preguntas son más intensas aún. La importancia de la narraciones orales de Javiera, la recepción de estas mismas historias por parte del público y de Tony Ninguno, el hecho de que el niño abandonado haya sido bautizado por Javiera como Sahriyar, pero por los demás artistas como Tony Ninguno, ya que no tenía ningún talento particular y, fundamentalmente, el final de la obra, hacen que esta novela sea una especie de oda a la palabra viva, al hecho performático a través del lenguaje. En esta novela, las palabras hacen cosas, las maldiciones se cumplen, los crímenes se cometen, las personas se transforman. Y nosotros, lectores, sentimos miedo de que estemos imitando una historia pasada, o futura, pero no nuestra, como si fuéramos las sombras chinas de una realidad ajena.

Es gratificante encontrar novelas como estas dentro de la nueva narrativa chilena. El estilo narrativo de Andrés Montero dialoga mucho con el flujo estético que ha surgido durante los últimos años en la novelística nacional. Se trata de abrir paso a una estética sin miedo a experimentar con el lenguaje y los meta-relatos universales. Se agradece, y se nota, el cariño puesto al quehacer literario.

Tony Ninguno
Andrés Montero
Editorial La Pollera
2016

El olor a fritanga. Sobre Charapo, de Pablo D. Sheng

Santiago es una ciudad que da para mucho. Al pasear por el mall chino, la Alameda, la Plaza de Armas o Av. 10 de Julio, podemos mirar de reojo a través de las tiendas y ver más allá de las mamparas. Porque detrás de los mostradores, los talleres y los burdeles, se agita lo humano, lo verdaderamente humano. Eso que se escapa a la pulcritud con la que están envueltos los productos importados y los tratos semicordiales que nos enseñó la mercancía. Quizá desde ahí es que leí Charapo. Desde la fascinación o la curiosidad por conocer a ese otro que pocas veces se tiene la oportunidad de conocer. En este caso, el autor nos quiso mostrar ese mundo desde una versión completamente opuesta a la de los discursos oficiales. Porque muchas veces nos quedamos en el respeto al migrante, a la valoración de sus culturas, y toda esa sarta de acciones políticamente correctas. Por eso mismo, nos faltaba esta otra versión, en la que los inmigrantes no por ser peruanos, o coreanos o colombianos, iban a ser meras esculturas andantes que celebran la apertura y tolerancia del país.

Se vuelve necesario mirar al otro con sus vicios y desventuras, tal como nos hemos mirado durante mucho tiempo a nosotros mismos. Porque el inmigrante ya se volvió parte de nosotros. Quizá, hasta algún día pierda ese nombre que lo distingue de los demás. Pero yo creo, que más allá del nombre con el que se llame a quien busca suerte dentro del país, existe una mística que se percibe a través del aire cuando se pasea por Franklin, por ejemplo, o por Av. San Antonio. Algo que une y amalgama todo el sentir suburbano. El olor a fritanga, del aceite hirviendo sobre sartenes quemados es la argamasa o el lugar que tienen en común todos los que transitan por esas calles, y esas calles que son como pasillos llenos de ventanas oscuras. Dentro de una de esas ventanas está Charapo. Quizá en la más sucia y corroída. A través de esa ventana, Charapo se muestra como el sujeto donde confluyen todas las desventuras del inmigrante. Y es en las desventuras donde aparecen los recodos más oscuros del paisaje y del humano. Este viaje constante hacia el abismo demuestra que existe una discursividad más allá incluso de los discursos literarios. Porque uno esperaría cierto afán pedagógico, en cuanto a la exposición de discursos reivindicativos, pero lo que realmente uno se encuentra, es la historia de un hombre al cual las cosas no le salían bien. Eso, una historia descontaminada de grandes o medianas ideas sobre la valoración, sobre el rescate y la cultura. Charapo, es quizá una anti-épica del inmigrante. Algo que no rescata la peruanidad festiva, colorida, gastronómica y magnánima del imperio dominante del Tahuantinsuyo. Sino que desborda en el grotesco , el amor lacónico y hasta lo risible dentro de la tragedia. Todo encerrado en distintos espacios físicos dentro de dos cuadros. El cuadro de Santiago y el cuadro de Los Vilos. Ciertamente, el cuadro de Santiago dice mucho más de la nouvelle, que el segundo. Ya que en él se encuentra toda la idea central y la esencia de la obra. Dígase esencia, como también dígase olor a fritanga.

En cuanto a la construcción de la prosa, sorprende la rapidez de la exposición. Una escritura telegramática que no pierde el tiempo en largas descripciones de la emoción y el cuadro, sino que mantiene su foco en lo esencial de la imagen. Esta prosa fresca y rápida, sin miedo a usar términos como vagina, caca, pichi, está muy bien usada, tomando en cuenta que se habla de la ópera prima de un escritor joven. Sin embargo, de vez en cuando atosiga. Dan ganas de respirar entre tanto olor a empanada frita. Es como si los telegramas nos saltaran a la boca en forma de papa rellena. Quizá ese era el fin, no lo sé. Amor y odio a la prosa de Sheng. De igual forma que el final. Quizá estaba demasiado entretenido con la aventura de Charapo en el  barco, por lo tanto el final abrupto logró alterarme. Pero luego, con el pasar de los días, fui pensando que así mismo es como suceden las cosas. Más en esta literatura que parece decirnos que Ulises tuvo mucha suerte al volver, que las cosas no siempre acaban, ni aunque se hayan acabado las páginas o la vida. La historia sigue ahí, solo que ya no había nada más que decir sobre eso. Puede leerse así, como de otras formas mucho más simples.

Creo que la narrativa de Sheng promete mucho, y da un buen primer paso con este libro. Siempre se agradece que los nuevos escritores renieguen un poco (o totalmente) de los escritores anteriores; que hundan la mano en lo desconocido para sacar lo nuevo. Es un ejercicio sumamente sano para nuestra literatura, aunque se transite por lo insano de nuestra sociedad.

Charapo
Pablo D. Sheng
Editorial Cuneta
2016

chara

La mecánica del caleidoscopio. Sobre Lo Insondable, de Federico Zurita

El caleidoscopio es un pequeño mecanismo de forma cilíndrica cuyo interior se encuentra recubierto por espejos. En una de las puntas del caleidoscopio hay un pequeño montón de cristales de colores. Estos cristales son reflejados hasta el infinito por los espejos. Si el usuario del caleidoscopio (quien mantiene su ojo pegado al otro extremo) hace girar el compartimiento exterior del juguete, podrá distinguir imágenes distintas cada vez que lo haga. Estas imágenes casi siempre son las de un triángulo, un rombo, un hexágono, entre muchas otras.

Existen distintos tipos de caleidoscopios. Algunos distorsionan todo lo que se mire, por lo tanto no necesitan cristales de colores. Otros mantienen a las pequeñas partículas flotando en aceite para que se muevan más lento y el efecto psicodélico sea mayor. Sin embargo, el tipo de ilusión no varía. La mecánica es la misma. Las pequeñas partículas de colores se mueven dentro de un caos, pero al ser reflejadas por los espejos forman una figura simétrica y perfecta. Esta es la figura total. El usuario no suele fijarse en los detalles de cada partícula, sino que centra su atención en el todo (el rombo, el hexágono, etc).

Así, como en los caleidoscopios, se presenta la lectura de algunas obras literarias como Lo Insondable, el segundo libro de cuentos del escritor Federico Zurita Hecht. Porque, si bien casi todos los libros de cuentos poseen una concordancia entre un cuento y otro, pocas veces me he encontrado con libros de cuentos en que esa concordancia, construya a su vez un relato que va más allá de las historias y de la ficción. Cada cuento puede ser una partícula de este caleidoscopio, y la obra total es la imagen simétrica proyectada hacia el ojo del lector (esa imagen es un triángulo negro). Pero esta concordancia que se construye más allá de la historia o,  la concordancia de la idea, está sobre otras concordancias que se pueden ir encontrando a lo largo de la lectura.

En primer lugar está la concordancia de la ficción. Los personajes principales de cada historia están dentro de un caleidoscopio gigante que podría ser el universo, pero que son específicamente algunos países como Rusia, Chile y México, entre otros. Si bien, estos héroes están construidos dentro de espacios físicos y psicológicos individuales, parecen responder a una pulsación o un ritmo escondidos. Este efecto ha tenido diversos nombres a lo largo de la historia, como el plan divino, el azar, el destino, etcétera. Sin embargo, el autor parece decirnos que va más allá de eso. Que hay algo que se está construyendo detrás de todos nosotros. Las piezas multicolores sospechan de su condición de cristales. Algunos personajes, como Adrián Petipas, está casi rozando una respuesta al problema del universo. Se siente aterrado y sorprendido, como Daneri observando el Aleph. Casi todos los personajes de estos trece cuentos concuerdan en el sentimiento de abismo de Petipas, que es justamente el sentimiento que genera la paradoja, que es a su vez, el efecto que genera la máquina escondida en un sótano de Moscú.

Los personajes de cada cuento dialogan con los personajes y las historias de los otros cuentos. Ellos no lo saben, .pero están construyendo una historia mayor que la de ellos mismos. Construyen la historia de aquello que está por descubrirse, pero el único que logra mirar esto desde arriba, es el ojo en el extremo del caleidoscopio. El ojo del lector, quien se fija en los pequeños guiños discursivos con la realidad de este universo y de la historia universal. Sin conocimiento previo sobre la caída de la URSS, o sobre el golpe militar del 73, sería mucho más complejo entender el secreto de la obra (el secreto del triángulo oscuro). Dentro del juego, sería como si el ojo no pudiera distinguir los colores de cada cristal. Quizá dilucide la forma de una estrella, pero no sabrá de qué color es. Este diálogo con el universo real (del cual ya comienzo a dudar) se construye como otro nivel de concordancia al que el lector debe enfrentarse.

No he querido referirme a esta obra desde el nivel argumental, ya que intuyo que las narraciones individuales (muy bien construidas por lo demás), son el medio para darnos a entender algo superior. O quizá, ni siquiera entender, sino percibir y asumir aquello que está detrás de este plano de lo real (la figura total). Solo diré que cada cuento está escrito con un estilo y una voz diferente, lo que permite refrescar y facilitar el transito por cada una de las historias. Las piezas están lubricadas y puestas con tal maestría, que ninguna historia queda forzada, como tampoco existe alguna que sea dispensable para la gran máquina.

Algo que me queda dando vueltas, es que a lo largo de las historias, muchas veces se dialoga con las historias que aparecen en el libro anterior del mismo autor: El asalto al universo. No lo he leído, pero intuyo que se está en presencia de un nuevo universo literario. Este dialogo, ya saturando la idea, podría considerarse como la piedra de inicio para la construcción de un futuro caleidoscopio mucho más grande.

Creo que este libro es uno de los puntos más altos de la narrativa chilena contemporánea, donde la influencia norteamericana parece no dejarnos nunca, y la autoficción se agota mientras se expande, o viceversa. No existen muchos momentos en que los escritores chilenos salgan de Chile, dialoguen con el resto del mundo, como en este libro. Zurita rompe con esta tradición, pero no del todo, porque si bien la mayoría de las historias se construyen desde Europa Oriental, la historia reciente de Chile sigue ahí. Por tanto, a pesar de que sea una obra que pretende unirse a los grandes flujos de las ideas universales, no elide ni sustituye la discursividad propia, lo cual representa una de las grandes diferencias entre un artista y un escribidor.

Lo Insondable
Federico Zurita Hecht
La Pollera, 2015.

lo-insondable-449x640

El Diablo. La pesadilla de Iván Fiódorovich

 Anoche terminé de leer Los Hermanos Karamázov, de Fiodor Dostoievski. No sé si será necesario escribir e insistir en los buena que es. Ya cuando iba por la mitad, estaba convencido de que era lo mejor que había leído hasta ahora. Muchas fueron las variables que me hicieron pensar esto, pero no las voy a nombrar todas. Solo me referiré a uno de los puntos que más me llamó la atención: la aparición del Diablo en el sueño de Iván Karamázov.

El contexto que antecede a esta aparición, es simple. Iván Karamázov había hecho una última entrevista a Smerdiákov, el cocinero de la casa donde había sido asesinado Fiodor Pavlovich, padre de los hermanos Karamázov. Este asesinato, según todo el mundo, había sido perpretado por Dmitri Fiodorovich, quien sería sometido a un juicio el día siguiente a la aparición. Sin embargo, en la tercera entrevista que realiza Iván Karamázov a Smerdiákov, este le confiesa su culpabilidad en el asesinato con mucha ligereza. Junto con esto, le devuelve los tres mil rublos que, según todos, habían sido robados por Dmitri. Iván lo amenaza con delatarlo, pero a Smerdiákov esto no parece importarle ya que, según él, Iván también era cómplice del asesinato. Iván no entendía, pero él le recordaba una intensa conversación que mantuvieron dos días antes del crimen en la que Smerdiákov le había sugerido, a través de mensajes muy sutiles, lo que sucedería cuando Iván se fuera. Y este, al haberse ido de todos modos, se transformaba inmediatamente en cómplice de Smerdiákov. Posterior a la entrevista, Iván vuelve a su casa muy nervioso y enfermo de fiebre, se encierra en una habitación, se sienta en una silla y, mientras pensaba, un hombre muy elegante comienza a hablar con él.

Lo que me llama la atención de este episodio no es tanto la aparición misma, ya que desde un principio se intuye que Iván está soñando y que, por la naturaleza de la obra, sería imposible tomar esta aparición de manera concreta. Me interesa más que nada la perspectiva que tiene el diablo sobre el mundo terrenal, sobre Rusia y la problematización que realiza respecto a su condición de Diablo.

Primero hay que anotar que aparece como un gentleman. Nada de cachos, ni de alas ni colas afiladas. Este gentleman es además muy amable con Iván, a pesar de que él lo trate con injurias y amenazas. Al principio lo único que quiere es convencer a Iván que de verdad es el diablo, porque él insiste en que se trata de una prolongación suya dentro de una alucinación. Luego comienza un monólogo, con algunas intervenciones de Iván, en la que el diablo pone de manifiesto su amor hacia los humanos, o mejor dicho, hacia la condición humana. Dice que le gusta encarnarse en personas y sufrir los padecimientos humanos. Para él, el mundo de los humanos es lógico y cuadrado, mientras que el suyo es más parecido a las ecuaciones indeterminadas. A lo largo del monólogo da algunas luces sobre lo que podría ser entendido como su mundo. Se entiende que es algo etéreo, demasiado complejo y fantástico, mientras que la tierra se le presenta como algo sabroso y divertido. El diablo se siente atraído especialmente por la capacidad de soñar y de ser supersticioso:

Mi ideal es entrar en la iglesia y poner una vela de todo corazón, te lo juro. Entonces se acabarían mis sufrimientos.

Esta última aseveración permite observar al Diablo como un ser limitado por su condición. Su mayor deseo es creer fervientemente en algo sin espacios para la duda. Este deseo deviene de una falencia en su condición, ya que él acepta el absurdo de la raza humana y de la vida en general. Este Diablo que construye Dostoievski, daría lo que fuera por encarnarse de forma permanente, enamorarse, reproducirse, enfermarse y morir. Dice que le encanta hacerse curar y vacunarse cuando está encarnado en una persona. Quizá lo encuentra simpático, nos ve como criaturas tiernas que creen que ir al hospital y prolongar la vida tienen algún sentido; que morir ahora es distinto a morir en cincuenta años más. Él se pone el traje de humano para caminar entre nosotros y sentir aquello que nos aflige. Recita una frase de Terencio para explicar esto: Satanás sum et nihil humanum a me alienum puto (Soy Satanás y nada de lo humano me es ajeno). 

Otro de los puntos que vuelve interesante a este Diablo que construyó Dostoievski, es su función. Después de haber hablado sobre sus aventuras tratando de curarse el reumatismo, explica a Iván porqué él debe existir. Dice que si fuera por él, se fundiría con la nada, pero que no lo dejan. Él es el encargado de hacer nacer los conflictos. Sin él, no pasaría nada en el mundo:

(…) para la vida no basta la “hosanna” , es necesario que la “hosanna” esa pase por la fragua de las dudas y así sucesivamente y por el estilo. 

Bajo esta lógica, el Diablo es el encargado de que en la tierra sucedan acontecimientos. Luego se refiere a la gente, quien se toma los acontecimientos como algo serio (la muerte, las tragedias, la guerra), sin embargo, gracias a estos acontecimientos existe la vida, ergo, la vida es sufrimiento. Es una contradicción que en su mundo se entiende, pero en este mundo no, debido a nuestra racionalidad tan exacta.

Dentro del diálogo que mantiene con Iván, el diablo cuenta una leyenda proveniente de su mundo. En esta leyenda se cuenta la historia de un hombre que fue condenado a caminar un cuatrillón de años para llegar al paraíso, y que de este cuatrillón se echó a descansar un billón de años. Iván le recrimina acerca de la cantidad de años a la que se refiere y el diablo lo reprende por pensar al tiempo bajo la lógica de su mundo, luego le explica a Iván que la tierra ha nacido y se ha destruido millones de veces, que todo ha pasado ya y seguirá pasando hasta el infinito. ¡Es de un aburrimiento terrible!, exclama al final, como si el tiempo y el devenir fueran para él un problema resuelto. Esta idea nos lleva a pensar que, como las cosas suceden de la misma forma por toda la eternidad, es necesario vivir la vida de la mejor manera posible, ya que todo acto, bueno o malo, volverá a repetirse hasta el infinito. Siguiendo esta misma línea, el diablo, quien dice no estar seguro de la existencia de Dios, afirma que los hombres serán libres una vez que se deshagan de la idea de Dios, sin caer en la antropofagia ni en el salvajismo (idea ortodoxa de la religión/orden). Cuando el hombre pueda vivir en armonía sin necesitar de un Dios, podrá sacar real provecho de la vida, de las ciencias y el progreso. Se convertirá en un hombre-dios y no necesitará la recompensa del paraíso para amar al prójimo.

La figura del diablo que presenta Dostoievski hereda muchas cosas del pensamiento medieval, en que el devenir y la carnavalización de los poderes era común. Quizá Dostoievski plantea a la figura más representativa del mal, como un ser contradictorio (al igual que los Karamázov), donde se conjugan las antiguas ideas de la muerte y el renacimiento.

El diablo se presenta como una figura problematizadora del poder eclesiástico, de ahí su maldad. En el fondo, puede que sea un gentleman, o una buena persona consciente del absurdo y de la finitud del hombre. Alguien que siente lástima y ternura por nosotros: los niños que se vuelven viejos convenciéndose de que son eternos.

ned