Todos los que somos: sobre Cigoto, de Gonzalo Rojas Canouet

Cuando se está solo en casa, los muebles, las paredes y los utensilios de cocina se vuelven cómplices de todo lo que haces. Finalmente no estás sólo. La casa entera te grita en su lenguaje inerte. La cama desordenada te lanza el calor de un cuerpo que no está. Los colchones guardan el peso, las cucharas guardan las bocas y el espejo una continuidad de rostros tuyos y de otros. De pronto el espacio se llena de voces que acompañan o intoxican. Recuerdos, sensaciones y gestos que se pegan a las cosas. Luego te vuelves extranjero en tu propia casa. Sientes náuseas.

Trato de lavarme la cara /todos los días /así, todos los días/ para despejar esta arcada 

De ver tantos, tantos rostros /en el espejo/instalado en mi rostro/dibujado y ajeno /que el mismo reflejo /consuela mi andar.  (p.49) 

Después de las náuseas (o mientras, o durante, o siempre) se realiza un esquema, una jerarquía; se ordena la pieza y los recuerdos. Los pensamientos que salen de las cosas tratan de conformar poesía con toda la sinceridad, y al mismo tiempo el misterio posibles dentro de lo íntimo. Hay un palpito, una respiración perpetua que no se concibe fuera de sus fantasmas, que son también los pilares de la obra: el padre, la hija, los amores, los amigos. Existe un viaje a través de los seres. Se identifica una pregunta ontológica, pero que también pueden ser las puras ganas de hacerse historia a través de la poesía. Una historia que deviene del padre y termina en la hija. Una estructura que viaja a través del puro lenguaje que generan los recuerdos y las voces del cachuereo. Las voces más sinceras. El diálogo con los fantasmas y la eterna problematización del amor.

Cigoto es un libro de poesía en bruto, porque esquiva los estigmas con naturalidad, canalizando el ruido a través del lenguaje, sin perderse en el camino. Es la narración de toda una vida a través de vidas ajenas donde predomina la nostalgia, la crítica y la risa. Un humor de cantina sutil crítico, que se inmiscuye de repente, sin ánimo de dar cátedra, sino más bien de bajar los pantalones.

Cigoto es también la descripción exhaustiva de una o varias cruces. Un libro lleno de amor, dolor y soledad. Un libro que nos lleva a reflexionar sobre la multiplicidad de voces que se acoplan a la que creemos nuestra, y que se construye bajo esta misma idea. Por eso no es extraña la utilización de citas o versos de otros poetas. Como las frases de otras personas que solemos utilizar en una conversación. La forma concuerda con el fondo. El espejo está lleno de rostros ajenos.

La última de las ideas y jerarquías narrativas dentro de la obra, es que “El cigoto se va” cuando se le canta a la hija. Se pasa de la nostalgia a la esperanza. Existe una definición de amor:

y trato de aparecer / como si yo fueras tú. (p 112)

La identidad, el amor propio, los recuerdos y las historias, cruzan un abismo para llegar hasta el otro y querer convertirse en él. El amor madurado, que se curtió a través de la vida, el sufrimiento, la jarana y la soledad,  se convierte ahora en embrión.

embrión que habla solo/ frente a todos/ los espejos eternos/ del universo (p111)

La mejor poesía es la que se escribe a los quince años, cuando vas por el mundo sin piel y a carne viva. Gonzalo tiene harto más que quince años, pero todavía mantiene esa sensibilidad que solemos perder, o transformar en cosas menos hermosas. Cigoto es un libro emocionante. Pocas veces nos adentramos en pasillos tan íntimos y llenos de ternura, porque es difícil construir esos pasillos sin caer en el melodrama. Siempre agradeceré el ejercicio de compartir esos rincones con los demás, sin importar nada, por la pura necesidad de crear y poner un ladrillo más en el psicodélico edificio de la literatura.