El Diablo. La pesadilla de Iván Fiódorovich

 Anoche terminé de leer Los Hermanos Karamázov, de Fiodor Dostoievski. No sé si será necesario escribir e insistir en los buena que es. Ya cuando iba por la mitad, estaba convencido de que era lo mejor que había leído hasta ahora. Muchas fueron las variables que me hicieron pensar esto, pero no las voy a nombrar todas. Solo me referiré a uno de los puntos que más me llamó la atención: la aparición del Diablo en el sueño de Iván Karamázov.

El contexto que antecede a esta aparición, es simple. Iván Karamázov había hecho una última entrevista a Smerdiákov, el cocinero de la casa donde había sido asesinado Fiodor Pavlovich, padre de los hermanos Karamázov. Este asesinato, según todo el mundo, había sido perpretado por Dmitri Fiodorovich, quien sería sometido a un juicio el día siguiente a la aparición. Sin embargo, en la tercera entrevista que realiza Iván Karamázov a Smerdiákov, este le confiesa su culpabilidad en el asesinato con mucha ligereza. Junto con esto, le devuelve los tres mil rublos que, según todos, habían sido robados por Dmitri. Iván lo amenaza con delatarlo, pero a Smerdiákov esto no parece importarle ya que, según él, Iván también era cómplice del asesinato. Iván no entendía, pero él le recordaba una intensa conversación que mantuvieron dos días antes del crimen en la que Smerdiákov le había sugerido, a través de mensajes muy sutiles, lo que sucedería cuando Iván se fuera. Y este, al haberse ido de todos modos, se transformaba inmediatamente en cómplice de Smerdiákov. Posterior a la entrevista, Iván vuelve a su casa muy nervioso y enfermo de fiebre, se encierra en una habitación, se sienta en una silla y, mientras pensaba, un hombre muy elegante comienza a hablar con él.

Lo que me llama la atención de este episodio no es tanto la aparición misma, ya que desde un principio se intuye que Iván está soñando y que, por la naturaleza de la obra, sería imposible tomar esta aparición de manera concreta. Me interesa más que nada la perspectiva que tiene el diablo sobre el mundo terrenal, sobre Rusia y la problematización que realiza respecto a su condición de Diablo.

Primero hay que anotar que aparece como un gentleman. Nada de cachos, ni de alas ni colas afiladas. Este gentleman es además muy amable con Iván, a pesar de que él lo trate con injurias y amenazas. Al principio lo único que quiere es convencer a Iván que de verdad es el diablo, porque él insiste en que se trata de una prolongación suya dentro de una alucinación. Luego comienza un monólogo, con algunas intervenciones de Iván, en la que el diablo pone de manifiesto su amor hacia los humanos, o mejor dicho, hacia la condición humana. Dice que le gusta encarnarse en personas y sufrir los padecimientos humanos. Para él, el mundo de los humanos es lógico y cuadrado, mientras que el suyo es más parecido a las ecuaciones indeterminadas. A lo largo del monólogo da algunas luces sobre lo que podría ser entendido como su mundo. Se entiende que es algo etéreo, demasiado complejo y fantástico, mientras que la tierra se le presenta como algo sabroso y divertido. El diablo se siente atraído especialmente por la capacidad de soñar y de ser supersticioso:

Mi ideal es entrar en la iglesia y poner una vela de todo corazón, te lo juro. Entonces se acabarían mis sufrimientos.

Esta última aseveración permite observar al Diablo como un ser limitado por su condición. Su mayor deseo es creer fervientemente en algo sin espacios para la duda. Este deseo deviene de una falencia en su condición, ya que él acepta el absurdo de la raza humana y de la vida en general. Este Diablo que construye Dostoievski, daría lo que fuera por encarnarse de forma permanente, enamorarse, reproducirse, enfermarse y morir. Dice que le encanta hacerse curar y vacunarse cuando está encarnado en una persona. Quizá lo encuentra simpático, nos ve como criaturas tiernas que creen que ir al hospital y prolongar la vida tienen algún sentido; que morir ahora es distinto a morir en cincuenta años más. Él se pone el traje de humano para caminar entre nosotros y sentir aquello que nos aflige. Recita una frase de Terencio para explicar esto: Satanás sum et nihil humanum a me alienum puto (Soy Satanás y nada de lo humano me es ajeno). 

Otro de los puntos que vuelve interesante a este Diablo que construyó Dostoievski, es su función. Después de haber hablado sobre sus aventuras tratando de curarse el reumatismo, explica a Iván porqué él debe existir. Dice que si fuera por él, se fundiría con la nada, pero que no lo dejan. Él es el encargado de hacer nacer los conflictos. Sin él, no pasaría nada en el mundo:

(…) para la vida no basta la “hosanna” , es necesario que la “hosanna” esa pase por la fragua de las dudas y así sucesivamente y por el estilo. 

Bajo esta lógica, el Diablo es el encargado de que en la tierra sucedan acontecimientos. Luego se refiere a la gente, quien se toma los acontecimientos como algo serio (la muerte, las tragedias, la guerra), sin embargo, gracias a estos acontecimientos existe la vida, ergo, la vida es sufrimiento. Es una contradicción que en su mundo se entiende, pero en este mundo no, debido a nuestra racionalidad tan exacta.

Dentro del diálogo que mantiene con Iván, el diablo cuenta una leyenda proveniente de su mundo. En esta leyenda se cuenta la historia de un hombre que fue condenado a caminar un cuatrillón de años para llegar al paraíso, y que de este cuatrillón se echó a descansar un billón de años. Iván le recrimina acerca de la cantidad de años a la que se refiere y el diablo lo reprende por pensar al tiempo bajo la lógica de su mundo, luego le explica a Iván que la tierra ha nacido y se ha destruido millones de veces, que todo ha pasado ya y seguirá pasando hasta el infinito. ¡Es de un aburrimiento terrible!, exclama al final, como si el tiempo y el devenir fueran para él un problema resuelto. Esta idea nos lleva a pensar que, como las cosas suceden de la misma forma por toda la eternidad, es necesario vivir la vida de la mejor manera posible, ya que todo acto, bueno o malo, volverá a repetirse hasta el infinito. Siguiendo esta misma línea, el diablo, quien dice no estar seguro de la existencia de Dios, afirma que los hombres serán libres una vez que se deshagan de la idea de Dios, sin caer en la antropofagia ni en el salvajismo (idea ortodoxa de la religión/orden). Cuando el hombre pueda vivir en armonía sin necesitar de un Dios, podrá sacar real provecho de la vida, de las ciencias y el progreso. Se convertirá en un hombre-dios y no necesitará la recompensa del paraíso para amar al prójimo.

La figura del diablo que presenta Dostoievski hereda muchas cosas del pensamiento medieval, en que el devenir y la carnavalización de los poderes era común. Quizá Dostoievski plantea a la figura más representativa del mal, como un ser contradictorio (al igual que los Karamázov), donde se conjugan las antiguas ideas de la muerte y el renacimiento.

El diablo se presenta como una figura problematizadora del poder eclesiástico, de ahí su maldad. En el fondo, puede que sea un gentleman, o una buena persona consciente del absurdo y de la finitud del hombre. Alguien que siente lástima y ternura por nosotros: los niños que se vuelven viejos convenciéndose de que son eternos.

ned