Los rincones. Sobre “No le debo nada a Bolaño” de Nicolás Cruz Valdivieso.

Debo decir que compré el libro por lo llamativo del título y una que otra referencia que leí en internet. También es necesario mencionar que tuve muchos prejuicios respecto a este mismo título. Imaginé algo así como un asesinato del padre. Porque Roberto Bolaño se ha transformado en una de las influencias más potentes para los que escribimos hoy en día. Entonces pensé que el libro, o el cuento que llevaba ese título, contaría una historia en contra de la figura de Bolaño, de su estética o de sus groopies. Esta idea me fastidió de sobremanera, tomando en cuenta que al hacer esto se incurriría en todo lo contrario. Llegué a pensar que había sido una mala compra, cuando vi unos libros de otros autores que me gustaban más adelante y no me quedaban billetes. Pero debo decir que todo esto quedó atrás. Y no sólo cuando leí el cuento que daba el nombre al libro, sino cuando iba en la mitad del primero, y ya en el comienzo del segundo. Al principio quise encasillar el estilo, o el tipo de narración (vicios de lector que uno tiene) dentro de alguna escuela literaria, o confrontándolo con otro autor. Pensé, bien vulgarmente, que había caído en un dirty/realism chilensis (otro más). Lo pensé al voleo, por lo grotesco de algunas imágenes en el primer cuento. Pero luego me di cuenta, durante el mismo cuento, que la estética que se planteaba iba más allá de lo corporal y de lo irónico. Se intentaba encontrar cierta belleza en la miseria de personajes discordantes; personalidades y conflictos aleatorios, pero que si bien parecían descabellados, conseguían una armonía inexplicable. Quizá el primer cuento es el que lo plantea mejor: un niño con síndrome de Down a cargo de un padre que es pintor y que a su vez le falta un brazo. Con estos elementos, el autor estructura un diálogo entre las carencias y la corporalidad de cada personaje a través de la descripción de siete cuadros. Sin duda una estructura compleja y un escenario abrupto al comienzo, como un charchazo coprolálico apenas abres el libro. 

Otro elemento interesante de los cuentos presentes en este conjunto, son aquellos relatos que se acoplan a la historia de ciertos personajes reales. Específicamente: Arthur Rimbaud, Carlos Gardel y Roberto Bolaño. Con el primer personaje se construye la historia de dos vagabundos que encuentran una pierna cercenada en la basura y deciden cuidarla por una fuerza escondida que los obliga. El elemento de la pierna de Rimbaud es sumamente significativo, tomando en cuenta que se trata de la pierna cercenada de un poeta trascendental para la historia de la poesía y la literatura. Sin embargo, no se cuenta la historia de Rimbaud, se construye una historia paralela, como si el autor hubiese querido mirar donde nadie estaba mirando. A pesar de que la historia de la enfermedad, el tráfico de marfil en África, el amorío con Verlaine y la muerte de Rimbaud hayan podido ser temas interesantísimos, el autor decide quedarse mirando la pierna. Creo que es una decisión por lo menos genial.

El segundo personaje es el de Carlos Gardel. Creo que este cuento es el que está mejor construido de todos. Aquí el protagonista es un amigo de Gardel. Un amigo entrañable, que lo había visto surgir desde el fondo, hasta donde estaba al final de sus días. Ese amigo no quería que Carlos se subiera al fatídico avión. Podría decir que se trata de inter-textualidad, pero lo que ocurre aquí no correspondería a esto (corregirme los pulentos) porque la historia de la muerte de Carlos Gardel no es una obra literaria, es una obra “viva” por así decirlo; es una historia real, un hecho. Se narra desde los hechos, pero no así como Truman Capote, sino con más sensibilidad que profesionalismo.

Finalmente, el tercer personaje es Roberto Bolaño, el gurú epistolar de un joven escritor amateur que planea abandonar la literatura. No contaré muy a fondo de qué se trata este cuento, porque temo arruinar el final al hipotético lector, pero debo decir que este cuento estuvo lejos de lo que yo había creído en un principio. Replicó el mismo dolor por la pérdida prematura de Roberto Bolaño que quizá todos los lectores de su obra alguna vez hemos sentido.

Para concluir señalaré que existe un gran sentido del humor reflejado en casi todos los cuentos, pero fundamentalmente en “Flores de riachuelo”, “Un asunto de principios” (con este reventé de la risa) y “El oficinista”.  Quizá el punto más débil es “Los aprendices de Chacal”. Aquí, como en ningún otro cuento, el grotesco se exagera innecesariamente sin la confección de un conflicto ni un desarrollo determinados. El cuento es el puro final. No me gustó tanto como los demás

Me gustaría hablar de cada uno, pero es tarde y ya quedó claro que el libro me gustó mucho. Cuentos rápidos, divertidos y complejos tanto en estructura, como en conflictos humanos. Se me vienen a la mente unas imágenes de Teillier sobre la felicidad: el ruido de una puerta cerrándose tras una fiesta, el baile de la solterona loca frente al espejo roto. Quizá eso es lo que más me gustó de estos cuentos, que se apuntaba con una linterna a esos rincones oscuros, dónde nadie hubiera pensado que podría existir literatura.

“No le debo nada a Bolaño y otros delirios”
Nicolás Cruz Valdivieso
Editorial Emergencia Narrativa, 2015