“¿Quieres ser Karl Ove Knausgard?”: una lectura sobre -Mi lucha- Vol I y II

Estoy pasando por un momento de mi vida en que todas las decisiones que he tomado durante los últimos meses se me vienen encima como una gran avalancha de consecuencias. Terminé una relación de varios años y me fui de la casa de mis padres. Ahora vivo en un departamento compartido con cinco personas más, la mayoría venezolanos. A pesar de compartir el piso, paso casi todo el día sin ver a nadie. Mis amigos vienen a veces a tomar cerveza, fumar marihuana y tratar de sostener la pena que me generó el rompimiento con mi novia. Pasó casi exactamente un mes cuando me di cuenta de que había sido un error. Los hombres sufrimos de manera distinta, siempre lo dicen. Al principio creemos que estamos bien, el mundo se nos abre como una amapola, pero luego llega un vacío monumental que se apodera de todo. Aunque no es la soledad lo que me incomoda, sino la catastrófica sensación de que me he equivocado en todo, hasta en lo más mínimo, desde estudiar pedagogía hasta volcar casi toda mi energía en el ejercicio de la lectura y la escritura. ¿Esta es la vida que quiero? y si no la es ¿cuál? Nadie sabe cómo responder a esta pregunta. Algunos dicen que hay que concentrarse en las pequeñas alegrías que otorgan la familia, los amigos y las relaciones humanas en general. Disfrutar la vida, de eso se trata todo, esa es nuestra única tarea y sin embargo a veces se vuelve agotador. Creo que es muy común y hasta justificable desear que las cosas pasen de nuevo, que la vida que llevamos se borre y nazca una limpia, diferente, menos difícil de llevar. Pero quizá no es la vida ni el contexto en que nos desarrollamos lo que queremos cambiar, sino a nosotros mismos, nuestra forma de pensar, nuestra perspectiva sobre el mundo. Al igual que cuando alguien nos desagrada y lo repelemos, así también pasa con la propia identidad y el cuerpo. A veces simplemente nos detestamos y creo que de ahí nace lo que llamamos depresión. Pienso que es un deseo autodestructivo que se manifiesta a través del letargo, el llanto y la falta de apetito. Es una especie de flirteo con la muerte. Ya no quieres estar más en ese lugar, quieres salir de ti.

Relacionado con lo anterior se me vino a la mente la película “¿Quieres ser John Malkovich?” dirigida por Spike Jonze y escrita por Charlie Kaufman. Siempre me pregunté por qué la gente pagaba doscientos dólares sólo para estar unos minutos en la cabeza de John Malkovich,  quien en la película actúa de sí mismo. Cuando la experiencia terminaba y las personas eran arrojadas fuera de la mente del actor, se sentían tan a gusto que deseaban volver. Querían más, más y más, como si se tratara de una droga, pero cuando estaban en la mente de Malkovich, él no hacía cosas tan interesantes como para que este vicio se justificara. A veces hacía la lista del supermercado, tomaba un taxi o ponía un reclamo en la tienda de decoraciones interiores. Entonces lo adictivo no era tanto el placer o la diversión que pudiera sentirse al habitar en su mente, sino el hecho de estar durante algunos minutos cien por ciento fuera de ti mismo y dentro de otra persona.

He pensado mucho en esto mientras me sumerjo en el universo de Karl Ove Knausgard. Cuando me preguntan de qué se trata el libro que estoy leyendo nunca sé muy bien cómo responder, porque en realidad no se trata de nada en particular, solo es la narración exhaustiva de la vida de un escritor. Al principio esta respuesta no resulta muy atrayente porque ya todos estamos cansados de leer novelas que hablan sobre escritores que escriben novelas. Entonces ¿por qué ha sido tanto el revuelo mundial que ha causado la serie de novelas “Mi lucha” de Knausgard? Frente a esa pregunta yo respondería que tiene que ver con el hecho de que al sumergirnos en su lectura podemos captar la esencia casi total de una persona. Imagínense lo complejo que eso resulta. Y no me refiero sólo a los detalles domésticos y las pequeñas narraciones de episodios cotidianos, también existe una apertura sincera y generosa a la discursividad del autor. No es una historia que comience aquí y termine más allá, es un autorretrato extremadamente minucioso narrado a través de episodios fundamentales para la construcción de la personalidad del autor. Tampoco pretende ser algo interesante narrando solo los episodios más intensos de su vida o maquillando con lirismo las situaciones vividas. Hay aburrimiento, letargo, hastío y errores. Pueden pasar decenas de páginas en que el autor solo esté narrando una fiesta de nochevieja en la que no la pasó tan bien como esperaba, también conversaciones con amigos en cafés, viajes en tren y cambios de pañales.

Los títulos de cada novela son los que presentan una especie de leitmotiv que transita a lo largo de toda la obra, pero que  está plasmado de manera tan sutil que no resulta agotador ni sobreexplicativo. Por ejemplo, el primer volumen se titula “La muerte del padre” y se centra fundamentalmente en la relación del autor con su padre desde su infancia hasta la adultez, culminando evidentemente con la narración de la muerte del padre de Karl Ove y las fatídicas condiciones en que se desarrolló. Una de las cosas que más me llamó la atención al leer esta primera novela fue la libertad que sentía el autor para describir de manera casi ensayística sus pensamientos sobre la vida, la muerte, el amor, las relaciones familiares, la pintura, la música o cualquier tema que fuera de su interés. Nada lo inhibe a escribir lo que le de la gana, aunque siempre de una manera muy lúcida y con una prosa fresca.

La segunda novela se titula “Un hombre enamorado” y a diferencia a lo que yo había pensado, no es un recuento de los amores experimentados o algo por el estilo, es más bien el la historia de su vida conyugal desde el comienzo, incluyendo todos los sinsabores que conlleva: los miedos, las inseguridades, las discusiones y el cansancio, pero ante todo la determinación de tener una familia por la que luchar.

Como ven, el tema de las novelas no es algo llamativo a primera vista, se trata simplemente de la vida de un hombre. Entonces pienso que al igual que con John Malkovich, lo interesante y lo placentero no es específicamente la vida de Knausgard, sino el hecho de que al leer estas novelas siento que estoy en la mente del autor, que veo lo que él ve y me siento exactamente como él se siente y me permite olvidar por un segundo el desmoronamiento y la reconstrucción sicológica por la que estoy pasando. De alguna forma estas novelas se han abierto como túneles a la mente de una persona que vive en un país muy lejano, que habla otro idioma y que es un completo desconocido para mí, pero con el cuál logro sentirme identificado e incluso cómplice, porque a pesar de todas las distancias que nos separan, tanto geográficas como culturales, me logro identificar con él, y no porque crea que nuestras personalidades sean similares, más bien porque su discursividad se ha construido más o menos bajo el mismo sistema económico, ético y patriarcal que ha desarrollado una especie de identidad mundial, donde nada es lo suficientemente intenso y la vida pareciera estar demarcada desde el momento en que nacemos. Creo que el justificado éxito de esta serie de novelas dice mucho sobre la relación del hombre de nuestro tiempo con el mundo. Es muy difícil hallar la intensidad y la pasión, pero cuando se alcanza, o se cree que alcanza, nos aburrimos y replegamos a lo que en ese momento nos parezca más seguro. Son pocos los que viven al límite y dan la vida por algo y eso a Knausgard le genera una gran impotencia, de ahí que volcara toda su energía en este proyecto tan magno.

Solo me queda decir, gracias Knausgard por ayudar a deshabitar-me

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