Libros afilados: sobre “Tierra de Aves Acuáticas” de Simón Ergas.

Hay libros que en algún lugar de esta realidad fractal resultarían evidentemente quemados por los gorilas. Esos libros son los que valen, los que molestan, los que causan urticaria, los que rasgan la piel. Esos son, los libros afilados, quienes se ganan un lugar en este panel metafísico que llamamos literatura. Y no basta con romper esquemas que ya todos sabemos rotos. No basta mirarse al espejo, se debe romper con las manos y sangrar; ojalá tirar piedras a los reflejos circundantes y volver a este laberinto infinito y lúgubre, una explosión de cristales. Eso es lo que buscan algunas novelas como “Tierra de Aves Acuáticas” de Simón Ergas.

Existe un ímpetu; una gran intención por narrar los espacios críticos de la sociedad. Porque este país está lleno de crisis: domésticas, sociales, religiosas y sobre todo económicas. Pero no vamos a entender a esta última crisis desde la carencia , sino desde su contrario: la aglutinación desmedida de riqueza sin medir consecuencias; la polución grotesca del capitalismo salvaje, ese que nació ciego y prepotente, ese que avasalla todo a su paso.

Para nadie es un secreto el nivel de toxicidad presente en las costas del sur chileno debido a la sobrexplotación de recursos naturales. Ya lo veíamos el 2016 en Chiloé, con esa marea pútrida que inutilizó las costas y provocó uno de los desastres -anti-naturales más lamentables de la historia chilena reciente. ¿Quién, o quienes, están detrás de eventos como este? Podría darse el nombre de la empresa salmonera “X”, ¿pero quién maneja los hilos y toma las decisiones dentro de aquella empresa X? La respuesta se vuelve esquiva a pesar de lo evidente: personas de carne y hueso, seres humanos con nombre y apellido. No es un fantasma etéreo, ni un daño colateral inevitable, no son cifras binarias.

Surge una pregunta ¿Quién es mejor testigo de su destrucción que la propia naturaleza? Respondiendo, en esta novela, ella misma (la naturaleza) adquiere las riendas del discurso a través de un par de gaviotas que se esfuerzan por contar lo mejor posible esta historia, y que a veces tienen dificultades como si fueran dos niños luchando por el micrófono. La duplicidad narrativa es sin duda uno de los puntos más llamativos de la obra, ya que las gaviotas se atropellan una a otra para contar la historia a través de un lenguaje ampuloso que otorga la idea de una épica criolla.

Cabe destacar que cada gaviota tiene una perspectiva diferente respecto a los hechos que narran: una es correcta, se preocupa por no perder el hilo del relato y de dejar en claro, al hipotético lector, cada rincón de la historia. La otra es exaltada, quiere contar las cosas tal como son y emite constante juicios de valor hacia los seres humanos, por las que su hermana la reprende, generando constantes discusiones que dotan de un humor  alegre e inocente a la obra.

A su vez, la tensión de la novela  está a cargo de la lenta metamorfosis del gran Ballenato Cortínez, una bestia colosal escondida dentro del cuerpo de un viejo nadador. Las gaviotas son quienes lo esperan y lo vaticinan, como si fueran los comentaristas del trágico partido que se está jugando en Hornopirén a la espera de esta bestia que redimirá todas las injusticias cometidas hacia la naturaleza través de la destrucción de la salmonera. Mientras esto sucede, muchas son las historias de viajes (externos e internos), amor, crimen, locura y muerte que se incrustan y a la vez configuran el gran clímax final.

“Tierra de Aves Acuáticas” es un libro que nos lleva a cuestionar diversas complicidades con la destrucción del ecosistema que nos son intrínsecas a todos los seres humanos, claro que de unos (como Goycolama) mucho más que de otros.

¿Cómo no iba a sentir rabia la naturaleza con granjas de salmones tan grotescas, con mineras colosales, con ríos llenos de basura industrial y cadáveres de aves y peces? Hace rato que nos merecemos uno y mil cataclismos. No sé si sentirme a gusto o a aterrorizado con la aparición del gran redentor. Quizá más lo primero.

Tierra de Aves Acuáticas
Simón Ergas
310 p.
Editorial Oxímoron.