Casa Volada: Novela de física

Compré el libro “Casa Volada” después de un par de recomendaciones, que quizá fue una sola, más las reseñas que leí al respecto. Hay muchas cosas que decir de esta novela, pero sólo me referiré a un par de ellas que me llamaron la atención.

El primer punto es la construcción. La obra está estructurada en diferentes planos de ficción. El primero, el del héroe, transcurre en un apacible barrio de Ñuñoa, cerca de Macul. David, escritor under, pobre y brillante, que trabaja en un proyecto de novela. Esta novela es un intento por ficcionalizar, a través de una exhaustiva investigación,  la relación artística de Augusto D’ Halmar con el pintor Alfredo Valenzuela Puelma mientras creaba el primer desnudo chileno, titulado “La perla del Mercader”.

Esta novela creada por el héroe, el otro plano de ficción, se le aparece al lector, cuando David se sienta a escribir. La obra dentro de la obra, está construida a través de tres voces diferenciadas por el tono y la grafía: La voz de Augusto D’Halmar, a modo de diario de viaje, escrita en el texto como si fuera una máquina de escribir, la voz de Alfredo Valenzuela Puelma, como un constante delirio poético en cursiva, y una voz externa, casi objetiva de los sucesos que van ocurriendo. Esta segunda novela que aparece se va narrando a medida que David, el escritor,  la va construyendo. Así mismo, la pintura de Valenzuela Puelma, se va creando a medida que David va escribiendo. Naturalmente, la pintura y el libro terminan casi al mismo tiempo.

Todo está estructurado en dieciocho capítulos, donde se superponen las dos ficciones. Lo interesante de esta novela radica en este punto: son dos ficciones independientes, pero que sin embargo, parecieran entrelazarse. Lo que narra David en su obra se transforma en una constante alegoría a destiempo de su propia realidad. Él mismo, así lo presiente muchas veces:

(…)siento que lo que voy escribiendo acerca de Valenzuela Puelma se va colando en la realidad, con la misma dinámica de mis sueños. No sabría decir qué cosa imita a la otra, pero me inclino más por la opción de que, de alguna manera, he colaborado para acercar los acontecimientos reales a las escenas de mi novela. (p.95)

He pensado que esta novela, en total, es un reflejo del proceso de escritura. Me aventuro a decir esto, tomando en cuenta la evolución del personaje y de su novela, y de cómo los acontecimientos de su propia vida influyen en la creación de esta, quizá porque el proceso de escritura no puede descontaminarse de las pasiones ni las obsesiones del escritor. Si se analiza esto con detenimiento, podría decir que se está en presencia de un héroe con un inconsciente propio, o un escritor muy atento a las aversiones de su personaje.

El segundo punto que me ha llamado la atención también tiene que ver con la estructura, pero esta vez con el argamasa de las ficciones. Si bien existen dos ficciones,  y una de ellas con tres voces diferentes, existe un punto en común en cada una de ellas. Ese punto es la luz. Al principio creí que era un elemento estético, como en la pintura, un patrón que se repite con elegancia para dar un sello personal y simbólico a la obra, pero luego pensé en la teoría de la relatividad, y de ahí no pude dejar de hacer la conexión entre esta teoría y la novela. En la teoría de la relatividad, básicamente se plantea que ni la velocidad, ni el tiempo son absolutos. Todo varía dependiendo de la perspectiva. Lo único absoluto es la luz. Su velocidad es tal, que en ella no existe espacio ni tiempo, sino masa y energía. Tomando esto en cuenta, ese elemento, que al principio tomé como estético, puede representar una forma de unión entre las dos ficciones y entre todas las voces. Porque los personajes y sus funciones entre una ficción y otra varían, pero se relacionan entre sí. Valenzuela -David,
Martellus-Alina,
D’Halmar-David,
Valenzuela-Justiniana, etcétera.

Como si cada personaje se constituyera como un objeto en movimiento, pero que dependiendo del punto de vista se transmuta. Esto hace pensar, que las únicas espectadoras objetivas de este juego, además del lector, son las palomas. Sus predicciones funcionan para ambos mundos pero de maneras distintas, la muerte podía significar renovación o muerte. Renovación en David, muerte en Valenzuela Palma. Incertidumbre.  Quizá de ahí también el nombre de la novela, como alegoría al famoso cuento de Cortázar “Casa Tomada”, donde se problematiza sobre quién es el invasor de la casa y quién no; dos realidades que conviven en un mismo espacio; dos que pueden ser infinitas, pero siempre bañadas por la luz del sol.

Casa Tomada, Francisco Ovando
2015
Editorial Cuneta
212 p.

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