Stand up Poetry: sobre “Video killed the radio star” de Daniel Rojas Pachas.

“Stand up Poetry”. Así me dijo un amigo que entendía la poesía de hoy, pero más específicamente, así entendía a los poetas, como algo parecido a los comediantes del famoso Stand up Comedy. Bajo esta lógica, el poeta es quien se para sobre un escenario, al igual que el Pato Pimienta, la Natalia Valdebenito, o incluso el Coco Legrand, para causar un efecto en el público y posteriormente recibir los aplausos correspondientes, que pueden ser tanto efusivos como escuetos, por compromiso, amistad o incluso afinidad. En estos casos, el efecto (del público) pocas veces tiene que ver con la calidad estética o metatextual del poema, si no más bien con el histrionismo del que lo declama, además de un montón de factores situacionales del mismo proceso de declamación: vino de honor, previa, amoríos, egos, espacios y un gran etcétera. Pero a pesar de todo esto, uno aprende a ignorar los pormenores y mirar siempre el vaso medio lleno. Hay que entender que existe mucha gente trabajando efectivamente por generar una mayor cantidad de espacios artísticos y culturales dentro de cada urbe. Es un trabajo indudablemente respetable, pero que a pesar de todos los esfuerzos que cada gestor realice, la mayoría de las veces termina en luchas conceptuales infinitas, donde las palabras “política” “trinchera” “consecuencia” e “ideología” salen disparadas de las bocas como perdigones atolondrados entre lágrimas, chela y saliva. Algunos desmadran contra los fondos culturales que da el gobierno (una de las pocas fuentes de ingreso para un escritor), por considerarlas inconsecuentes con el trabajo rupturista y contestatario que se pregona. Otros piensan que recibir plata para realizar encuentros culturales o publicaciones, funciona como el Jiu Jitsu: se utiliza la fuerza del enemigo (el estado) para atacarlo después desde adentro. Y aún existen otros, que no contentos con ninguna de las dos “trincheras”, crean sus propias editoriales y se publican entre los amigos hasta el cansancio. Es decir, existe una lucha eterna entre el romántico y el estratega, que es uno de los eternos problemas de principios entre los escritores, casi siempre jóvenes los primeros, y no-tan-jóvenes los segundos.

El cahuineo también es un personaje importante. No sé si se habla más de las personas que de sus acciones, o  más de las acciones que de las personas, lo único cierto es que siempre se habla. Siempre hay algo que decir respecto a tal escritor y sus amigos y su formación y sus premios y su universidad. La literatura como trabajo, casi nunca se queda en la pura literatura. Esto tanto en poesía como en narrativa. Aunque la poesía tiene el gran fantasma simbolista afrancesado penando todavía en toda latino américa. No superamos nunca el viaje a los infiernos y el trauma que produce el encuentro con nosotros mismos. El panorama de los poetas, suele ser más efusivo que el de los narradores, básicamente porque la idea de éxito en el narrador es menos una idea que en el poeta. El poeta explota, mientras el narrador juega Sudoku.

Dentro de este gran panorama, que posee distintos microuniversos a lo largo del país, el continente y el formato, es que se sumerge la novela “Video Killed The Radio Star”, del escritor Daniel Rojas Pachas. Apenas leí las primeras páginas, supe que el libro seguía una tradición bolañesca al incursionarse dentro de los pasillos insanos de la literatura, este arte contradictorio, donde personas llenas de conflictos, o que son un conflicto en sí mismas, se esfuerzan, a veces hasta la muerte, por crear algo que para ellos es significativo y trascendental, pero que la mayoría de las veces no le mueve ni un pelo de la cola a los paradigmas sociales. La novela se mueve como serpiente dentro de las distintas manifestaciones seudoliterarias de algunos autores. No existe una sola historia, sino una multiplicidad de situaciones en que los autores, en su mayoría jóvenes, intentan raspar con la punta de la uña, ese gran espejismo que a veces se llama reconocimiento y otras veces trascendencia.

En esta novela también nos encontramos con una forma de escritura que se mimetiza con la forma del discurso. Es decir, se manifiesta una idea de fragmentación sin mencionarlo nunca, sino a través del mismo formato. El mensaje escondido detrás de la obra nunca está escrito, si no mencionado como una voz en off detrás de todas las situaciones que aquí se relatan en forma de entrevista, pie de página, e-mails, pequeños ensayos, estados en facebook, etcétera. La idea de fragmentación se nos presenta desde la portada: una multitud enfiestada que encuentra su propia identidad en el otro, así como muchas veces sucede con los escritores y con la historia detrás de la canción que da el título: Video killed the radio star, una canción que habla de cómo la llegada del vídeo desplazó a los éxitos y la mística que existía con las emisoras de radio, pero que a su vez se constituía como el primer vídeo que se transmitía por MTV. Es decir, la idea de contradicción en sí misma dialoga con lo que sucede con este libro: una obra que habla sobre autores que escriben obras; una auto-explotación sobre la auto-explotación.

Video killed the radio star
Daniel Rojas Pachas
Editorial “Narrativa punto aparte”
177 p.

 

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